EPOCA PRECOLOMBINA – COLOMBIA


Época precolombina (Colombia)

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La Época precolombina en Colombia
es en la actualidad materia del interés de la ciencia y la cultura como
una manera de acercarse a la identidad y a la génesis de la nación
colombiana. Si bien la época precolombina puede ser compleja, en muchos
casos la información es incompleta o es asumida desde muchos puntos de
vista, lo cierto es que ocupa el interés de ciencias como la
 arqueología, la antropología, la historia, la sociología
y otras ciencias. En el estudio de la época precolombina en el
territorio nacional son útiles los trabajos y avances de las
investigaciones sobre la época precolombina en los demás países
 americanos. El término “precolombino” se refiere a los pueblos que habitaban América antes de la llegada de Cristóbal Colón en 1492, pero aplicado exclusivamente a las antiguas colonias españolas en el continente, lo que hoy conocemos como Hispanoamérica.

Contenido

 Primeros pobladores (20000 a. C.)

En los abrigos rocosos del El Abra; al oriente de Zipaquirá, en la Sabana de Bogotá, se encontraron instrumentos líticos de hace más de doce mil años en 1967, datados el 10460 a. C. ± 160. Este hallazgo en el centro del país significa que las migraciones paleoindiasSuramérica con años de anterioridad a estas fechas. Recientes dataciones con radiocarbono del sitio de Pubenza, Cundinamarca, indican que esos primeros pobladores llegaron antes del 20000 a. C. llegaron a

En la Sabana de Bogotá se encontraron en el abrigo de Tequendama
herramientas de piedra elaboradas con esmero, como raspadores,
cuchillos laminares, y puntas de proyectil, que datan de un milenio más
tarde. Fueron elaborados por grupos de cazadores especializados, de
quienes apenas se han encontrado cinco falanges. De entre el
 7500 a. C. y el 6500 a. C.
provienen menos objetos de piedra pero aparecen jabalinas y otros
objetos de madera, así como múltiples instrumentos de hueso de animal,
y además huesos humanos calcinados. Se encuentran esqueletos completos
del
 5000 a. C., de un tipo físico diferente al de los Muiscas, y que llegaron posteriormente a la región.

Culturas agrícolas (5000 a. C. – 1200)

Los primeros vestigios conocidos de cultura hortícola sobre el
territorio colombiano, son ubicados en la zona de influencia de los
 Montes de María, que surcan los departamentos de Bolívar y Sucre, además de una escición de estos montes hacia el departamento del Atlántico donde también hubo pequeños asentamientos relacionados con tribus que se formaron sobre todo en el área denominada Puerto Hormiga,
donde se han realizado excavaciones, y se han encontrado vasijas y
alfarería, a la que se les han practicado pruebas que ubican a esta
cultura entre los 5000 y 4000 a. C. Estas comunidades, se fueron
dispersando, y parece que trasladaron sus concocimientos en pesca y
alfarería a la
 Cultura Zenú, a la cual se integraron al migrar al norte.

Para sorpresa de muchos en Arararcuara, en plena Amazonía se encontraron restos de asentamientos y prácticas hortícolas, así como cerámica provenientes del año 2700 a. C.

El sitio Zipacón, indica que los desarrollos agrícolas en la Sabana
se remontan más allá del año 1320 a. C.; con coexistencia de la cacería
y recolección, junto con prácticas agrícolas y alfarería.

La cultura San Agustín

La cultura agustiniana,
es de las más conocidas entre las culturas indígenas que surgieron en
Colombia antes de 1200. El espacio de desarrollo de la Cultura San
Agustín se dio en los actuales departamentos del
 Huila y el Norte del Depto. del Caquetá.

Esta cultura, a pesar de lo nombrada en muchos libros de historia, e
investigada, es técnicamente desconocida, pues el pueblo agustiniano
desapareció alrededor de 1250 y para 1300 la selva envolvía ya las
ciudades agustinianas. La falta de recursos para investigar ha
producido una avalancha de interpretaciones acerca de los orígenes, el
desarrollo y la caída de la Cultura San Agustín, hasta el punto que
algunos expertos afirmaron que algunos pueblos mesoamericanos,
específicamente las culturas de
 Teotihuacán y la Oaxaca (Monte Albán, Mitla, etc.) llegaron por agua o vía Centroamérica y se asentaron en esta zona. Esa teoría ha sido ampliamente refutada.

Como la teoría “mexicana” hay muchas, por ello es bastante inútil
adentrarnos en cada una de ellas; pues todas, sino la mayoría nos dejan
en un callejón sin salida gracias a la falta de indicios causado por la
misteriosa extinción de la Cultura Agustiniana. Por eso, lo importante
de San Agustín es conocer basándonos a lo que tenemos: los restos
arqueológicos ubicados en el Huila, exactamente en el Parque Nal. Arq.
San Agustín. Dentro de este, hay básicamente tres sitios de
importancia: Fuente-Templo de Lavapatas, Bosque de las Estatuas y el
Museo Arqueológico, que nos permiten conocer lo que los Agustinianos
quisieron que viéramos, pues hay otros sitios con esculturas
monolíticas; pero estos se encuentran en pésimo estado, y son
técnicamente irrecuperables gracias a la lenta pero efectiva acción de
la maleza.

La Fuente de Lavapatas,
es una magnífica demostración de las habilidades escultóricas y la
creatividad de la Cultura Agustiniana, pues la Fuente, está ubicada
sobre una quebrada natural, y ellos tomaron las piedras que estaban
sobre la quebrada y fueron esculpiendo sobre ellas, creando una
intrincada red de canales y caídas artificiales de agua, rodeadas de
figuras zoomorfas, antropomorfas o mezclas de ambas. Algunas teorías
afirman que los Agustinianos contaban con primitivos conocimientos
físicos, ya que las curvas de estos pequeños canales, y los círculos
para las pozas de esta Fuente, son de tal perfección que tuvieron que
ser hechos con la ayuda del agua y sus renombradas propiedades que
facilitan el erosionamiento controlado de la piedra, y otros
materiales. En investigaciones posteriores a la expedición del
Arqueólogo alemán Konrad Preuss, se ha afirmado, que las figuras
presentes en la Fuente de Lavapatas pertenecen a las deidades
Agustinianas del Agua, la fertilidad, la prosperidad o ambas y que por
ello, además de las características arquitectónicas y la dediciación en
su construcción, la Fuente de Lavapatas funcionó como templo. Por ello
más tarde se le ha ido aceptado como Fuente-Templo de Lavapatas.

El bosque de las Estatuas, ubicado en el Parque Nacional
Arqueológico de San Agustín, es una amplia explanada llena de las
mejores expresiones monolíticas y dolménicas fruto del Ingenio
Agustiniano. En esta explanada se admira tanto la sencillez de ciertas
estatuas, como la preocupación por la ornamentación y el detalle de
otras, figuras zoomorfas, amplios tocados, figuras de piedras con
alusión al “Alter ego”, lo que nos plantea nuevas preguntas, ¿Los
agustinianos eran simples escultores o avanzaron en otras ciencias?,
¿La Profundidad de ciertas esculturas es sinónimo de nociones
Filosóficas en la Cultura Agustiniana?, ¿Si es tan gloriosa, por qué
desapareció San Agustín?… Eso es San Agustín, una pregunta detrás de
otra hasta encontrarnos con estas misteriosas estaturas, los testigos
inmarcesibles de los desconocidos orígenes, la gloria y la súbita
desaparición de la Cultura AgustinianaLa cultura Tierradentro

Aparentemente sin ninguna relación con la Cultura Agustiniana, Tierradentro,
se desarrolló a menos de quinientos kilómetros de Sn. Agustín. Esta
también tuvo importantes contribuciones a la estatuaria y a alfarería,
pero esta entró más profundo en lo relacionado con el asunto de la vida
y la muerte, pues los vestigios más tangibles de ella son los hipogeos,
que estos dejaron en el Alto Cauca, exactamente en el corregimiento de
San Andres de Psimbalá, Mpio. de Inzá. estos dos, y casi el 80% de la
zona de la influencia de la Cultura Tierradentro, son controladas por
un resguardo a nombre de los Indios Paeces, aparentes descendientes de
los habitantes de Tierradentro. En estos resguardos, los indígenas
cuentan con su propio gobierno e instituciones, se habla una lengua
autóctona que puede descender de la hablada por los Tierradentro.

Tierradentro fue el nombre que los españoles le dieron a esta zona
por lo tupida de la selva, los constantes y profundos precipicios, la
impenetrable neblina e interminables cadenas de lomas; paisaje común a
la zona del Macizo Colombiano. Los Tierradentro, construían varias
clases de tumbas, las hay sencillas, un simple huevo con un pasadizo
hasta las más complejas, que avanzan hasta ocho metros bajo tierra con
amplios salones ovalados o circulares en torno a una columba central.
Estos están profusamente decorados con figuras zoomorfas y geométricas.
Tierradentro, al igual que San Agustín, desapareció, pero
investigaciones indican que los Paeces y Guambianos, habitantes
indígenas de la zona, son los supervivientes al mestizaje, la
colonización y todos los procesos históricos de Colombia hasta hoy.

Las Culturas Doradas (1200-1510)

 

 


Las culturas precolombinas del período preclásico.

El Periodo Preclásico, como es conocido el lapso de tiempo en
Colombia comprendido entre 1200 y 1510, donde se formaron las Culturas
más complejas a las cuales los indígenas colombianos llegaron antes de
la intervención cultural española. Intrincadas jerarquías, eficiente
estructura político-administrativa, monumentales ciudades, incontables
obras de arte, tradiciones orales e inmateriales que nos revelan el
nivel de desarrollo de estas verdaderas civilizaciones.

Los Tayronas


Los Tayronas, habitaron la zona más septentrional de Colombia,
exactamente en la Sierra nevada de Santa Marta. Ellos alcanzaron un
nivel de desarrollo envidiable por otras culturas colombianas, e
inclusive de otras foráneas. Sus conocimientos de arquitectura,
agricultura e hidráulica nos dan la imagen de una nación bien
estructurada, avanzada, y que en comparación con algunas naciones
europeas, con muchos adelantos con respecto a ellas. El ocaso de la
Nación Tayrona, comenzó a la llegada de
 Rodrigo de Bastidas,
en 1528, a la zona donde ellos habitaban, y para 1550, se podría
afirmar que ya habían sido exterminados en más de un 80%, el otro 20%
se dividió en aquellos que se refugiaron en las zonas más altas de la
Montaña, y los que sucumbieron en el proceso de mestizaje. Aquellos que
se quedaron en las partes altas de la Sierra, hoy aún sobreviven, como
legado de la Cultura Tayrona, son los Kogui, los Ika y los Sanká.

Primero hablemos de las obras públicas de los Tayronas. Dentro del
territorio Tayrona, todos los pueblos y ciudades estaba comunicado por
una red de caminos de piedra, que recorría desde las faldas más
habitadas hasta los parajes más indómitos de la Sierra Nevada.
Analizando el diseño de las viviendas que ellos dejaron, de forma
circular; construidas generalmente sobre terrazas de piedra; sin
ventanas, pero techadas de palma de montaña, haciéndolas frescas; sin
decoración alguna, solamente pintadas con cal y agua sobre los muros de
barro y piedras pequeñas, los muros también eran de paja en las
ciudades más cercanas al agua. Los Tayronas planificaban el crecimiento
de sus ciudades, construyendo terrazas que primero servían para la tala
organizada de árboles, luego la agricultura y posteriormente viviendas,
y así sucesivamente, además las ciudades contaban con canalizaciones de
agua de montaña para llevar organizadamente el recurso vital a las
viviendas, estas canalizaciones, las ciudades en sí y las terrazas de
cultivo fueron diseñadas de forma tal que evitaba la erosión y
cualquier rompimiento con el normal curso de la naturaleza. Los
Tayronas fueron realmente una cultura ambientalista. Respecto al tamaño
de las viviendas a medida que era más grande, mayor la importancia del
morador. Habían también casas especiales, o casas sagradas, donde se
reunían todos los hombres y niños a la llegada de los sabios ermitaños;
que frecuentemente bajaban de sus viviendas en los páramos, para llegar
a las ciudades y transmitir las palabras de los dioses y enseñar a los
niños las tradiciones de la nación.

Técnicamente, los Tayronas no contaban con un ejército nacional
organizado, pero cada ciudad aportaba sus mejores hombres, para ser
entrenados como guerreros, esto estaba a cargo de consejos conformados
por representantes de los caciques de cada ciudad. Al terminar su
entrenamiento, los hombres se transformaban en Manicatos, los Manicatos
eran los guerreros de la nación Tayrona.

La estructura político-administrativa de los Tayrona no es muy
clara, pero las investigaciones han concluido que concentraba aspectos
federales con otros radicalmente centrales. Cada ciudad grande (unos
1000 habitantes) generalmente contaba con un Cacique, figura más bien
administrativa, con pocas atribuciones divinas, a diferencia del resto
de culturas de la América Prehispánica, que semi-deificaban a los
líderes de las tribus o ciudades. El cacique, dentro de los límites de
su ciudad, cumplía funciones ceremoniales, ejecutivas, y judiciales.
Los caciques podían tener opiniones divergentes, pero las instituciones
inermes e uniformes de la Nación Tayrona eran los sacerdotes;
respetados e incluso venerados, ellos, a pesar de carecer de autoridad
ejecutiva, influenciaban notablemente en las decisiones de los consejos
y regían la vida de los habitantes bajo los preceptos de los dioses.

La lengua de los Tayronas, el Tayrona, pertenecía a la familia
lingüística Chibcha, de la cual también eran miembros los Muiscas y las
incontables variaciones dialectales de cada conurbanado de la
Confederación Muisca. Por eso, entre los muiscas y los tayronas
existían ciertos lazos culturales, haciendo las relaciones entre ellos
más fluidas que en comparación con otras como la Quimbaya.

En el área de la Orfebrería, los Tayronas gozaban de un papel
principal dentro de este oficio. Pues desarrollaron bastante técnicas
como la cera perdida, que consistía en hacer moldes de barro rodeando
una figura de cera, que se derretía después de calentar el empaque de
barro. Luego de sacar la cera derretida, el orfebre vertía el oro
líquido en el espacio dejado por la figura de cera, posteriormente
esperaba a que se solidificara y rompía el molde resultando la figura
deseada. El uso de la tumbaga, una aleación de cobre y oro permitieron
ahorrar recursos y derretir más fácil el oro. Los tratamientos para
mejorar la calidad del oro, como calentarlo hasta la oxidación del
cobre y luego sumergirlo en agua helada para que permaneciera una
pátina permanente de oro y evitar que la pieza se cuartee. Finalmente
el proceso terminaba con lijar la pieza hasta que llegara a la
perfección. Se cree que varias de estas técnicas fueron desarrolladas
por los Muiscas y exportadas a la cultura Tayrona. Aunque los Tayronas,
también se les considera exportadores de técnicas de orfebrería e
hilados. Eso se ve en que la mayoría de las obras muiscas parecen ser
toscas y mal terminadas aunque la calidad del oro era superior, y las
Tayrona técnicamente perfectas, los Muiscas al aprender la técnica de
la cera perdida mejoraron la estética de sus obras, prácticamente
abandonaron el método del
 repujado
directo, que además de inexacto le restaba vida útil a la pieza pues
esta cogía más riesgo de cuartearse y también restringía las obras a
solamente láminas, ya que repujar sobre el oro bruto es casi imposible.
A su vez, los Tayronas al aprender métodos como la inmersión de la
pieza en agua mejoraron sustancialmente la calidad del material y la
belleza misma del ornamento.

La economía Tayrona, era poco dependiente del comercio, es más, es
posible afirmar que era autosuficiente, pues los territorios tayronas
comprendían todos los pisos térmicos, desde zonas al nivel del mar,
donde tenían acceso a la pesca, pasando por áreas templadas hasta
llegar a áreas cultivables paramunas, Todas profusamente recorridas por
ríos de todos los tamaños. En lo referido a su alimentación, los
Tayronas fueron los inventores de los bollos, pues el maíz producido en
la Sierra Nevada era demasiado duro para comer, y amasándolos eran más
fáciles de cocer. La técnica del bollo fue posteriormente mejorada por
la Cultura Zenú, cuyos territorios eran mejores para el cultivo del
maíz, hasta que actualmente se considera que los departamentos de
Córdoba y Sucre (Zona de infliencia Zenú) son los creadores de esta
receta. Además de bollos, los Tayronas eran consumidores de chicha y
arepas en grandes cantidades. Para endulzar las bebidas, usaban la
 miel, que producían en colmenas
hechas por ellos. En el ámbito frutal, sobresale la producción de
hortalizas, las guanábanas, piñas, aguacates y guayabas. El consumo de
carnes era escasa, usualmente consumían carnte de cabra y roedores en
tiempos especiales, pero generalmente comían pescado.

Los Tayronas, desarrollaron sobremanera la habilidad de usar las
plumas para decorar tocados y vestidos. Hasta llegar al punto que
tenían la tradición anual de pelar las guacamayas y otras aves para el
festival del maíz (Solsticio de Verano). En lo referente a sus mitos y
tradiciones, los Tayronas contaban con incontables dioses, aunque poco
se sabe de ellos, ya que no tenían lengua escrita y los cronistas de la
colonia no se adentraron en la sierra para contarnos esto como ocurrió
con otras culturas como la Muisca. Pero si nos han llegado de los Kogui
y la sotras tribus que hoy sobreviven en la Sierra, los mitos
cosmogónicos (creación del mundo) de la Cultura Tayrona. Se dice que
antes que todo existiera, el Mundo estaba cubierto por tinieblas, y
todo estaba oscuro. En aquel tiempo, ya vivía una mujer, llamada la
Madre del Universo, que nunca dijo como exactamente surgió, al nacer de
ella el primer hombre, por fin llegó la luz, y ese fue el primer día.
El recién nacido, llamado Sintana, se volvió un héroe cuando creció, y
organizó el primer ejército de Manicatos. Pero el mundo aún no tenía
forma, y Sintana vivía solo, entonces la Madre del Universo, que sabía
hilar, hizo un gran huso, que clavó en el pico más alto de la Sierra,
del jaló y jaló, sacando mucho hilo, que dispuso com un círculo
alrededor de la sierra. Mientras hacía el redondel, ella decía “Esta
será la tierra de mis hijos”. Y así el mundo tomó forma.

La verdad, es que los Tayronas son, sino la más avanzada, una de las
más avanzadas culturas de la América Prehispánica, pues sus niveles de
civilización, comparables con otras más investigadas y aparentemente
más gloriosas como la Inca, la Maya y la Azteca. Francamente, son una
expresión cultural digna de admirar y preservar por todos los
colombianos y el Mundo.

[editar] Los muiscas

Artículo principal: muiscas

Habitantes de la zona central de Colombia, específicamente el
Altiplano Cundiboyacense, fueron la cultura que más llegó a evolucionar
en lo que se refiere a la administración y la estructura
político-administrativa del Estado hasta llegar a la conformación
oficial de una Confederación de cacicazgos con un sistema uniforme de
caminos, lengua, impuestos, religión y leyes. Realmente, el nombre
“muiscas”, no es el propio de ellos, este fue el apelativo dado por los
cronistas españoles como un símil entre esta cultura y las moscas, pues
salían de todas partes emboscando a los conquistadores españoles. De
todas maneras, nos referiremos a ellos como muiscas.

También existen otros mitos como el de Bachué, la madre de los
Muiscas. Un día salío de la laguna de Iguaque una mujer esbelta y
bella, con un hijo en sus brazos. Ella era Bachué, se sentó a la orilla
de la laguna y esperó hasta que su hijo creciera. Cuando alcanzó la
edad suficiente, se casó con él y tuvieron muchos hijos, esos hijos son
los Muiscas. Bachué les enseñó a cazar, cultivar, respetar las leyes y
adorar a los dioses. Bachué fue tan buena, que los mismos Muiscas se
referían a ella también como Furachoque (Mujer Buena en Chibcha).
Cuando ya eran muy viejos, Bachué y su Hijo-Esposo decidieron volver a
Iguaque y se convirtieron en serpientes. Esas serpientes se sumergieron
en el lago. Ese día los Muiscas estuvieron muy tristes, pero sabían que
Bachué, su madre, era feliz.

De los Muiscas nos han llegado muchos mitos, pues como Bogotá se
instituyó como capital del Nuevo Reino de Granada, muchos cronistas y
oidores viajaron a asentarse allí. Durante estas estancias, ellos
escribían “Crónicas de Indias”, que nos revelaron lo que quedó de la
América Prehispánica, y por supuesto, lo que los Reales Censores
permitieran publicar. Según los muiscas, había muchos dioses, pero los
más importantes eran Sué (El Sol), y su templo de Sugamuxi o Suamox
(Sogamoso), era el más venerado del mundo Muisca. Chía (La Luna), y su
templo en el pueblo que hoy lleva ese mismo nombre, el segundo en orden
de importancia. Otros personajes como Bochica, que no eran dioses, eran
recordados por todos con respeto y afecto. El mito de Bochica es este:
en la sabana, vivían los Muiscas, pero ellos se habían cansado de las
inundaciones, que podían ser causadas por Huitaca, la hermosa y malvada
mujer o Chibchacum, el protector de los agricultores. Entonces, del
cielo salió un arcoiris, y de él bajó un hombre blanco, con barbas
blancas y túnica. Este dijo llamarse Bochica y les enseñó a tejer.
Bochica escuchó las quejas de los Muiscas sobre las inundaciones, y con
su bastón de oro partió dos piedras al borde del precipicio donde
terminaba la Sabana y salió toda el agua, creándose el Salto de
Tequendama. Bochica castigó a Huitaca y Chibchacum, a la primera
convirtiéndola en lechuza, y obligándola a cargar el cielo. A
Chibchacum lo obligó a cargar la tierra, y cada vez que el se cambia de
hombro, la tierra tiembla.

La contribución de los Muiscas a la cultura nacional colombiana es
quizás la más importante. Juegos como el tejo, son predecesores del
Turmequé, que fue inventado por los Muiscas y los españoles le
agregaron el detalle de la pólvora. Entre los Muiscas, se celebraban
torneos de lucha, y el ganador era premiado por el cacique con una
manta fina de algodón y se convertía en guerrero.

En lo referente a obras públicas los Muiscas no se destacaron mucho.
Al compararlos con las magníficas obras de ingeniería de la cultura
Tayrona, los Muiscas no superaron las construcciones de madera y techos
de palma. Las empalizadas de sus ciudades eran prácticamente su único
método de defensa, desarrollaron notablemente la ingeniería para la
construcción de terrazas para impedir la erosión y regadíos. Esto nos
demuestra la naturaleza pacífica de los Muiscas. No obstante, sus
guerreros probaron ser eficientes luchando contra los españoles, pero
finalmente fueron derrotados.

Quizás la razón por la cual los muiscas han permanecido en la memora
es por ser la nación de “Eldorado”, ese país donde todos llevaban
prendas de oro, y que cada cierto tiempo, en una laguna, el cacique se
montaba en una balza, cubierto en aceites y polvos de oro. Sin que sus
ojos dignaran verle, los súbditos iban tirando ofrendas de oro a la
laguna, y el cacique se sumergía en ella mientras los bálsamos dorados
se desprendían y teñían el agua de oro. Se cree que éstos eran los
Muiscas, y que esa laguna es la de Guatavita, a unos 50 km
 de Bogotá (Bacatá).

El Sistema Político-administrativo de los Muiscas, es el más
avanzado entre las culturas asentadas en Colombia. Este es el de
Confederación de Cacicazgos. Dentro de la nación Muisca, había dos
grandes Confederaciones, la del Zipa de Bacatá (Bogotá) y la del Zaque
de Hunza (Tunja), siendo la de Bacatá siempre más grande y poderoza que
la de Hunza. El funcionamiento de estas Confederaciones era sencillo:
cada poblado-estado miembro de la Confederación, le debía cierto
respeto al Zipa o Zaque, dándole tributos y recursos de su zona; a
cambio de protección y mercado para sus productos. Por su parte, el
gobierno central, a cargo del Zipa o del Zaque se creaban las reglas de
convivencia que no estaban escritas y se basaban en la costumbre.
También era trabajo del Zipa o Zaque la administración de los guerreros
o Güeches, que en la cultura Muisca si estaban organizados en forma de
ejército, pues dependían directamente del Zipa o Zaque. Sus leyes, eran
incluso más avanzadas que la nación europea más vanguardista de la
época: todos los bosques y lagunas eran públicos, la caza estaba
organizada y usualmente hombres de todos los estratos iban a ellos a
pescar y cazar libremente. En tiempos de guerra todos los caciques se
reunían donde el Zipa y tomaban las decisiones. Esto también pasaba
cuando había hambrunas o sequías, cuando se terminaba la reunión, los
caciques comunicaban su decisión a los Tiuquines, fuertes mensajeros
que corrían por todo el altiplano llevando el mensaje del Zipa o del
Zaque.

Los Muiscas estaban ubicados en el Altiplano Cundiboyacense, desde
el Norte de Boyacá, Hasta el Páramo de Sumapaz, y desde Las faldas de
la cordillera Oriental, en Cundinamarca hasta el Río Magdalena,
limitando con los Pijaos y Opitas, en el Tolima.

La economía de los Muiscas era quizás la más sólida y poderosa de
todas las culturas prehispánicas colombianas. Eran los únicos
productores de esmeraldas, monopolizaron la minería del cobre, el
carbón tanto vegetal como mineral, y contaban con las fuentes saladas
más grandes, las de Nemocón, Zipaquirá y Tausa. Las esmeraldas, la sal
y el cobre, necesarios para fabricar joyas, eran canjeadas con los
Pijaos y los Opitas, que habitaban el sur, en cambio, estos les daban
oro, que tenían en abundancia.

Los bosques eran públicos, al igual que las lagunas, los páramos y
las riveras de los ríos, haciendo la producción alimenticia acorde a
las necesidades de cada habitante, y dependiendo de lo que él quisiera
hacer. En Bacatá, Chocontá y Hunza, se establecieron los tres grandes
mercados donde la gente se reunía a cambiar sus mercancías. Las fuentes
saladas estaban rodeadas de hornos, que podían ser usados por todos
para evaporar el agua y obtener sal gema. En los mercados se cambiaban
productos de primera necesidad, como el maíz, la sal, miel, frutas y
granos, hasta los de lujo, entre los cuales se encontraban las plumas,
el oro, el cobre, algodón, coca y caracoles marinos importados desde la
tierra de los Tayronas.

El calendario de los muiscas, era bastante impreciso, pero ellos
sabían perfectamente que el solsticio de verano, el sol duraba más
tiempo, y ese 21 de junio (Calendario Gregoriano), se iban todos a
Suamox o Sugamuxi, donde estaba el Templo de Sué, el Sol a ver la
procesión de los más importantes miembros de la corte del Zipa. Esa era
una ocasión muy festiva y especial, donde todos, hombres, mujeres y
niños se pintaban con índigo y achiote mientras cantaban y saltaban,
embriagados con chicha regalada por el Zipa. Al día siguiente, todos
asistían a la ceremonia de entrega de ofrendas, pidiendo por un buen
año y mejores cosechas. Posteriormente, salía el Zipa y los saludaba a
todos. Esta era la única vez en el año en que los ojos de los súbditos
podían ver al Zipa. Al terminar esta ceremonia, el Zipa abría las
puertas de su cercado y hacía que todos entraran para seguir
celebrando. La celebración duraba cuatro días más.

La casta sacerdotal era instruida desde la infancia y al crecer,
éstos se volvían jeques, o sacerdotes, que dirigían las ceremonias
religiosas y enterraban a los muertos. Sólo ellos entraban a los
recintos interiores de los templos, y en sus mochilas cargaban coca que
mascaban con cal, revuelta en sus poporos para celebrar sus ritos en
trance. Cada familia alguna vez tuvo que ofrecer a uno de sus hijos en
moxas, jóvenes que eran instruidos por los jeques hasta los 15 años,
posteriormente los sacrificaban y le ofrecían su sangre al Sué, esto
era considerado un gran honor, pero con el tiempo esa tradición fue
siendo relegada por ofrendas de oro, hasta el punto que para 1300 esta
tradición ya había desaparecido. Los jeques también sabían de las
estrellas, practicaban encantamientos y curaban a la gente. Enseñaban a
los campesinos acerca de los cambios de luna, diciéndoles cuando era
propio cultivar.

La lengua de los Muiscas, era miembro de la familia lingüística
chibcha, lo que les permitió mantener fluidas relaciones con los
Pances, los Motilones, los Tayronas y los Opitas, miembros dialectales
de ese grupo lingüístico.

Los Muisicas, son la cultura que más lejos llegó en evolución
política y social de forma autóctona en Colombia, y por eso deben ser
admirados. Para 1537, el último año de paz antes de la llegada de los
Españoles, se estima que los Muiscas eran un poco más de 1 millón,
organizados en 56 tribus, adscritas o al Zipa o al Zaque, que casi
siempre convivían en paz, La llegada de la expedición española sembró
intrigas y rompió la concordia, debilitadas ambas confederaciones, los
españoles ocuparon Bacatá y mataron al último zipa, Zaquezazipa, era el
año 1538, Gonzalo Jiménez de Quezada sobre la antigua casa del Zipa
refunda Bacatá como Santafé de Bogotá, ese fue el fin de los Muiscas

Los Quimbayas

 

Rodeados por eternos guaduales
y yarumos, los Quimbayas son famosos por su habilidad de construcción
con la guadua, su exquisita orfebrería y sus valientes guerreros. Estos
habitaron la región del actual Eje Cafetero, sobre todo en el actual
Depto. del Quindío. Los Quimbayas, son los creadores de quizás la más
famosa pieza de oro precolombino del Mundo: el Poporo Quimbaya (Museo
del Oro), y una de las más deslumbrantes colecciones de Arte
Prehispánico: El Tesoro de los Quimbayas (Museo de América – Madrid).

Los Quimbayas, se calcula que eran casi 100000, vivían en chozas
redondas de guadua y techos de palma. Los fogones eran públicos, y eran
compartidos por tres o cuatro familias cada uno y estaban aparte en una
choza cercana a las tres casas. Los poblados eran bastante compactos, y
era común que cada poblado Quimbaya no superara tres familias
diferentes, haciendo el trato dentro de los poblados muy cordial y
familiar.

La producción agrícola de los Quimbayas, no era tan eficiente como
en otras culturas, pero conocían y practicaban la rotación de cultivos.
Ellos cultivaban una tierra y la dejaban descansar, mientras el año
siguiente se tomaba otra, y así sucesivamente. Su método era quemar la
tierra, talar lo que quedaba en pie y surcarla para sembrar, lentamente
agotando los nutrientes de la tierra. Eran expertos en hacer terrazas
en las zonas más pendientes, de esa forma evitaban la erosión. Pero
esos métodos de quema eran compensados con la siembra de guaduales, que
además de ser fuente de madera, conservaban mucha agua y restablecían
los nutrientes de la tierra. Los cultivos más comunes, eran los de
 maíz, arracacha, fríjol, fique y yuca.

Los Quimbayas desarrollaron sobremanera la recolección sistematizada
de frutas y bayas, especialmente las de guamas, pithayas, guayabas,
aguacates y caimitos. Pero el árbol que más usaron, era la guadua. La
guadua, es un árbol abundante en la región del actual Eje cafetero, y
fue usada por los Quimbayas para elaborar desde juguetes hasta armas y
casas. Los Quimbayas aún no construían las
 colmenas, acostumbrándose a recoger los panales que se formaban en los árboles. De estas colmenas, extraían miel, la cual consumían virgen y también sacaban cera, que usaban para hacer las piezas de oro bajo la técnica de la cera perdida.

La sal fue una de las razones por la cual los Quimbayas no fueron
conquistados por pueblos belicosos como los Muzos y los Panzes, las
fuentes saladas de Consota, Cori, Coinza y Caramanta fueron
monopolizadas por los Quimbayas, que controlaban el comercio del
mineral en la zona al occidente de la cord. Central. En estas fuentes
saladas, el ingenio Quimbaya dividía las aguas saladas de las dulces y
la salada llevada por tubos de guadua a los hornos. donde era evaporada
y extraída. Los Quimbayas guardaban toda la sal en depósitos especiales
propiedad de cada familia. La sal era usada para pagar tributo al
cacique y a tribus vecinas.

Los Quimbayas eran hábiles cazadores. Era usual que padres e hijos
fueran a la selva por la noche a cazar y llegar al día siguiente con
dantas, zarigüeyas, osos hormigueros y las muy preciadas guartinajas y
venados. La carne de estos la salaban para consumirla más tarde. En
estas también perseguían guacamayas, a las cuales pelaban, para usar
sus plumas como decoración y consumir su carne azul.

El oro Quimbaya no provenía de minas como ocurría con los Tayronas o
los Calimas y Pances, ni del comercio, como los Muiscas, sino de los
ríos. Los Quimbayas iban a los ríos con frecuencia y con macanas
recolectaban oro. Cuando eran demasiado caudalosos, o crecían esperaban
las sequías para recoger el oro de la arena, junto con el limo, muy
bueno para cultivar. El oro bruto era llevado a casas de orfebrería,
donde era molido con grandes piedras, cuando era casi polvo, era
mezclado con cobre para hacer tumbaga que era más fácil de fundir. Los
Quimbayas obtenías figuras en tumbaga con la técnica de la cera perdida
y posteriormente les practicaban el templado: calentarlas y sumergirlas
en agua helada, luego martillarlas, para sacar las impurezas y darle
resistencia. Los Quimbayas fueron los que mejor practicaban el
templado, pues martillaban y repetían el proceso varias veces. Por ello
las figuras Quimbayas que vemos en los museos brillan más y no han
sufrido tanto el paso del tiempo. Además de la cera perdida, que era
más usual en los elementos decorativos y las piezas ceremoniales
sacerdotales o civiles, se usaba también el repujado o martilleo
delicado de hojas de oro. Esta técnica era más usada en las armas,
cascos y pectorales de los guerreros, pues se hacía con láminas que
eran más livianas en el combate.

La cultura Quimbaya practicaba la antropofagia ceremonial. Cuando
una tribu iba a la guerra el cacique sacrificaba dos de sus esclavos y
todos bebían de su sangre y comían de su carne, según creían, esto les
daba valor y fuerza para el combate. Esta práctica solo se daba en
tiempos de guerra y en ceremonias religiosas.

El entierro de un cacique era un evento importante. Los sacerdotes
organizaban una gran ceremonia, pintaban y adornaban el cuerpo del
cacique, que era ataviado con adornos de oro y mantas lujosas. El
cacique era velado por varias semanas en su residencia, luego era
llevado a lo alto de una colina, donde se habían cavado un hueco en el
que habían puesto muchas joyas y ropajes, unos esclavos vivos para
servirle durante su nueva vida, y mientras llevaban el cuerpo del
cacique, sus esposas estaban felices de acompañarlo a la vida eterna.
Finalmente lo enterraban.

La estructura administrativa Quimbaya era bastante dispersa, había
más de 80 caciques, aunque entre ellos reconocían a cinco como
superiores. En lo referente a las relaciones con tribus cercanas, los
Quimbayas y sus vecinos, a diferencia de otras culturas, tenían
relaciones constantes pues las distancias entre sus poblados era
escasa. Las relaciones eran mantenidas de cacique a cacique y siempre
se usaban intérpretes. Entre esas tribus se encontraban: los Ansermas,
los Irras, los Quindos, los Caramantas, los Pícaras, los Pozos y los
Armas.

Los Ansermas, eran muy poderosos, y estuvieron incluso a punto de
invadir el territorio Quimbaya. Los Pozos y los Armas eran caníbales y
siempre estaban peleando con sus vecinos.

Los Quimbayas no tenían ejércitos organizados, pero en el combate
los guerreros Quimbayas, entrenados por los caciques, liderban milicias
conformadas por hombres y mujeres de todas las edades que combatían en
igualdad de condiciones: en esos momentos lo importante era conservar a
la Nación Quimbaya. En tiempos de paz, los Quimbayas organizaban
brigadas de centinelas y espías que cuidaban las fronteras. En caso de
invasión avisaban a los caciques, quienes decidían reunir a la gente.
Se ha descubierto, que los Quimbayas eran hábiles constructores de
trincheras y trampas, cavando zanjas profundas, que llenaban de filosas
estacas mojadas en veneno, disimuladas con maleza y paja. Otras
técnicas de defensa eran las de esconderse en fortines de guadua en los
árboles donde esperaban para emboscar al enemigo con flechas
envenenadas. En las batallas, los niños cargaban las banderas de las
tribus, las mujeres tiraban piedras, lanzas y agua hirviendo desde las
colinas, los hombres y los jóvenes estaban en el frente con flechas y
arcos. Al triunfar, todos se reunían en el poblado y celebraban
bailando y haciendo combates ficticios entre ellos.

Fueron una de las últimas culturas en desaparecer pues las zonas que
habitaban eran casi inaccesibles, rodeados a lado y lado por nevados y
con dos tapones de selva al norte y al sur. Aun así los españoles al
mando de Jorge Robledo, que había ya conquistado el Norte de Antioquia
llegaron a la región que habitaban. Robledo primero los trató bien pero
luego comenzó a mandarlos a las encomiendas a trabajar. Los Quimbayas
se resintieron y comenzaron una guerra. Fue inútil, Robledo venció y
los últimos Quimbayas escaparon al Chocó. Lentamente desaparecieron y
nos dejaron maravillosos tesoros, el más famoso, es el “Tesoro de los
Quimbayas”, encontrado enterrado en Quimbaya, Quindío a finales del
siglo XIX, este tesoro está hoy en el Museo de América de Madrid.
Aunque la pieza más representativa del arte Quimbaya, el Poporo
Quimbaya, reposa en las bóvedas del Museo del Oro de Bogotá, siendo la
primera pieza que el Museo tuvo, en el año de 1933.

 


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